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Cinco detalles cotidianos que no cuidamos del auto

Actuamos en forma mecánica y casi sin reacción respecto a algunas cuestiones, lo que nos lleva a desatenderlas afectando la integridad del rodado.
Nos levantamos temprano, desayunamos, nos cambiamos y emprendemos viaje rumbo a la rutina diaria. El trabajo, el estudio o algún deporte no esperan y en muchos casos nos trasladamos en nuestros vehículos particulares. Actuamos en forma mecánica y casi sin reacción respecto a algunas cuestiones, lo que nos lleva a desatender pequeños detalles que terminan afectando la integridad del rodado, descuidos cotidianos que ahora ponemos en alerta.
 
– Un clásico que siempre se posterga: el chequeo del agua y el aceite. Transitar mucho en la ciudad exige por demás al motor. Entonces, cobra mayor relevancia que esté refrigerado y lubricado. La plena confianza en que todo está bien lleva a excedernos en el tiempo de control. Cada 10 mil kilómetros se realiza el cambio de lubricante, pero eso no quita que no revisemos, en un período prudencial, si el nivel es el acorde. Lo mismo ocurre con el agua, que actuará sobre la temperatura del motor. Si bien existe una alerta lumínica en el tablero, lo ideal no es esperar a que la misma nos advierta del problema.
 
– Leer el manual ahorra problemas a futuro. Es largo y tedioso, sin lugar a dudas, pero todo el funcionamiento del auto y su equipamiento de confort está detallado en el sumario. Un uso recurrente del mismo es evacuar en forma fehaciente qué tipo de combustible carga nuestro vehículo. Pero conforme avanza la tecnología, más necesitamos de este texto. Allí encontraremos soluciones de diversa índole y nos evitará complicaciones mayores. Por eso no está de más llevarlo en la guantera.
 
– Cuidado con las aceleradas y maniobras bruscas. A veces el tránsito de todos los días nos hace colapsar y perder los estribos, un error que, en primer lugar, pone en riesgo la seguridad de todos, y además, afecta por demás la salud de la máquina. Revolucionar de golpe el motor y luego frenarlo abruptamente lo resiente más que llevarlo a una velocidad alta. Y golpea al bolsillo: ponernos nerviosos hace consumir más combustible. Además, los volantazos nos hacen imprevisibles para los otros conductores.
 
– Siempre anunciar lo que haremos. Tal vez el error más común en las calles argentinas y que más consecuencias trae es no marcar la maniobra que vamos a realizar, o hacerlo de manera incorrecta. Doblar sin poner el guiño, detenerse sin la baliza o entrar a un garage o una estación de servicio con la luz de giro en vez de las de detención son sólo algunas de las más frecuentes que terminan ocasionando choques. Y no dejemos afuera una de las más peligrosas: no poner el guiño, esperar unos segundos y luego cambiar de carril, sobre todo en vías de alta velocidad.
 
– Vaciar el tanque. En los últimos meses, el combustible llegó a precios desorbitantes y nos lleva a hacerlo rendir al máximo, pero en el medio cometemos una equivocación: llegar casi a la reserva del depósito. Es verdad que los carburantes han mejorado con los años, pero siguen trayendo muchos materiales que dañan el motor pese a los filtros y pondrán en juego la bomba y los inyectores (que deberían llevar su limpiador después de cada service).
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