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Alto poder de atracción y de acción

La última edición con dos puertas de la Mégane RS llega con mejoras en la suspensión y la potencia aumentada a 265 CV. Un auto que cumple con lo que transmite desde su imagen.

El Mégane R.S. es el producto emblema de Renault Sport entre los modelos que se comercializan en serie. Llega desde la planta de Palencia, España, y retorna al país luego de un lapso de dos años de ausencia a causa del llamado impuesto al lujo, y cuando en Europa ya se presentó la cuarta generación del mediano que seguramente más adelante sumará su variante R.S., aunque en versión 5 puertas, ya que esta es la última con carrocería cupé. Son 150 unidades las que componen la edición limitada, cada una identificada con una placa seriada del 001 al 150, colocada en el parante del lado conductor.

Esta radical versión se diferencia por varios rasgos netamente deportivos como las llantas exclusivas de 18 pulgadas; los anchos guardabarros; el paragolpes delantero que, además de llevar la nueva imagen de marca, integra una gran rejilla de entrada de aire y una lámina aerodinámica de "tipo F1"; la salida de escape central; el difusor posterior y el alerón trasero. Del más reciente rediseño del Mégane fabricado en Turquía toma el mencionado paragolpes, las ópticas y la parrilla. Además, lleva el logo R.S debajo del rombo delantero, en el portón del baúl y en el centro de las llantas.

Interior acorde

El habitáculo está en sintonía con el perfil deportivo que luce por fuera, aunque resuelto de manera sutil, por más que sea imposible abstraerse con semejantes butacas de competición provistas por Recaro con los apoyacabeza integrados, ubicadas en una posición bien baja como se usa en el mundo sport. Acompañan la escena la pedalera de aluminio, el volante de cuero perforado con el “Punto 0”, el aplique símil grafito en el panel y las costuras en color rojo.  Uno de los rubros en los que se renovó es en el de la conectividad, con la llegada del multimedia R-Link que incluye el RS Monitor, que muestra varios datos de telemetría para que el conductor tenga en detalle su actuación al volante. En la pantalla de 7”, esta herramienta proporciona instantáneamente información sobre distintos parámetros muy específicos y mediciones de performance (aceleración lateral, entrega de potencia y par motor, presión del turbo, entre otros). Además, el sistema brinda posibilidad de descargar los datos generados por el vehículo y almacenarlos en un pen drive USB para analizarlos en una computadora. También se muestran las imágenes de la cámara marcha atrás y del navegador, y se gestiona todo lo referido al sistema de audio Bose. Completan el listado de confort: climatizador automático bi-zona, techo solar panorámico, limitador y regulador de velocidad, sensores traseros, sensor crepuscular y de lluvia, entre otros. En cuanto a seguridad lo más destacado pasa por seis airbags (frontales, laterales y de cortina), frenos ABS, controles de estabilidad y tracción, y ganchos Isofix.

Con todo el power

El motor es el mismo 2.0 de cuatro cilindros turbocomprimido que, con algunos ajustes, estiró la potencia de 250 a 265 caballos, logrando una relación de 132 CV por litro. Lo cierto es que, si ya nos había sorprendido la edición anterior, ésta nos resultó extraordinaria por la contundencia en fases de aceleración, por la capacidad de recuperación y por el rugido que emite en los momentos de aceleración plena. Un motor a la medida ideal de un deportivo de pura cepa, porque está en perfecta sintonía con lo que sugiere la presencia del auto. Es de los que “pegan la espalda contra el respaldo”. Los datos de fábrica anuncian una velocidad final de 255 km/h, mientras que la aceleración obtenida en prueba fue de 6,5 segundos para llegar de 0 a 100 km/h. La caja que lo acompaña es manual de seis velocidades, con relaciones arrimadas que permiten un aprovechamiento ideal del motor en casi todo rango de giro. Buen tacto ofrece el vástago y su accionamiento es suave y preciso. En cuando a consumo, nos encontramos que en la ciudad se muestra algo “hambriento” requiriendo 12,8 cada 100 km y bastante más moderado en ruta con unos 8,7 l/100 km.

Ideal para un circuito

La puesta a punto de la suspensión del Mégane III RS está pensada para que el comportamiento sea uno de sus grandes atributos. Claro que, en la búsqueda de estabilidad y firmeza para una dinámica deportiva, es inevitable sacrificar algo confort para encontrar ciertas asperezas en los tramos más desparejos. Más allá de esto, se aprecia que hay un cierto “ablande” respecto a la anterior sin perder eficiencia en la tenida en curvas ni la capacidad de tracción en esa instancia, sino por el contrario, mejorando ambos comportamientos. El aplomo que demuestra en todo momento es notable al igual que la sensación de seguridad que transmite a alta velocidad. En las curvas cerradas o trazados mixtos se desenvuelve de manera impecable, lo que demuestra un trabajo estructural y de chasis de alta escuela. Tracciona de manera perfecta y la dirección acompaña muy bien. Como todo integrante real de la familia R.S., tiene el pulsador R.S. Drive, que permite seleccionar entre distintos tipos de conducción: Normal, Sport y Race (desconecta el ESP). Los frenos (con discos de generoso diámetro) están a la altura de las circunstancias y hacen un eficaz trabajo logrando detenciones dentro de los parámetros esperados. En definitiva, desde el andar logra justificar perfectamente todo lo que propone visualmente. 

Un auto notable realmente. Quien busque un deportivo no saldrá defraudado con este producto, aunque es caro, porque cuesta 730.000 pesos. Sin embargo, tiene varios condimentos para considerarlo como un modelo diferente, especial, y cuando esto invade a la pasión, no hay nada para hablar o analizar.

A favor

Comportamiento dinámico

Imagen

Motor/caja

Posición de manejo

En contra

Espacio en plazas traseras

Visibilidad acotada

Precio

Confort de marcha

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