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Crítica: Citroën C4 Cactus

Dentro de la nueva estrategia del Grupo PSA

Desde Villa Unión (La Rioja) – Dentro de la nueva estrategia del Grupo PSA, el rol de Citroën es bien claro: tiene la misión de convertirse en la marca más popular del consorcio francés, manteniendo la receta histórica de originalidad y simpleza. Sólo así se diferenciará con claridad de sus hermanos de DS y Peugeot.

Citroën planea aumentar un 40% sus ventas este año en la Argentina. Por eso, para cumplir con el objetivo de aumentar su difusión y popularidad, la firma del Doble Chevrón está obligada a ampliar su oferta en nuestro mercado.

Para lograrlo, este año lanzó a la venta los C3/C3 Aircross automáticos, renovó y amplió la oferta del C-Elysée, confirmó el lanzamiento a fin de año de la SpaceTourer y anunció el relanzamiento de su gama de vehículos comerciales.

Sin embargo, la novedad más esperada de este año es la que acabamos de manejar por caminos de San Juan y La Rioja. Se trata del C4 Cactus, el crossover del Segmento B (chico) que llega importado de España y ya mismo está a la venta en la Argentina.

El C4 Cactus ya lo manejamos en 2015 en Uruguay y el año pasado en Nürburgring (leer crítica). Era hora de experimentarlo por caminos argentinos.

La crítica completa se reproduce a continuación.

POR FUERA

El C4 Cactus fue desarrollado sobre la Plataforma PF1 del Grupo PSA. Son los mismos componentes estructurales de los 208 y C3 que se producen en Brasil. También se utiliza esta plataforma para los Peugeot 301 y Citroën C-Elysée que vienen de España. Por eso, es una pena que no haya planes de que este C4 Cactus se produzca en el Mercosur.

Por la plataforma y el posicionamiento en precio que tiene en nuestro mercado -se ubica entre el C-Elysée y el C4 Lounge-, el C4 Cactus pertenece al Segmento B (autos chicos). Sin embargo, sus buenas dimensiones llevan a confundirlo como contendiente del Segmento C (compacto). Es un truco de Citroën, para volverlo más atractivo a la hora de ver el precio.

En términos de diseño, el C4 Cactus es hoy el modelo más exótico, curioso y funky de la actual oferta mundial de Citroën. Es una tour de force excéntrica y atrevida. Sus líneas no recuerdan a ningún modelo actual de la marca. Es un crossover, a mitad de camino entre un vehículo urbano y un pseudo off-road, cuyos antecedentes en la historia de Citroën hay que encontrarlos remontándonos hasta los tiempos del Mehari y el Ami 8.

Este Cactus -que no pincha, porque tiene líneas muy redondeadas-, mide 4,16 metros de largo y tiene una distancia entre ejes de 2,59 metros. El ancho es de 1,72 metros.

Las barras sobre el techo, los guardabarros de plástico negro y el mayor despeje del suelo (18 centímetros) son los códigos ya conocidos de otros todo terreno light. Pero es un conjunto muy atractivo y original, rematado por unas trabajadas llantas de 17 pulgadas (con neumáticos Goodyear EfficientGrip 205/50R17).

Un párrafo aparte para los Airbumps. Son esos globitos en los paragolpes y en los laterales del Cactus. Se trata de cápsulas de poliuretano termoplástico, pensadas para resistir golpes de estacionamiento y otras torpezas cotidianas. Si alguna de estas burbujas se llega a romper (y vas a tener que esforzarte para lograrlo), se puede reemplazar la unidad. No hay que cambiar todo el panel. También se pueden elegir diferentes colores de Airbumps, para personalizar el Cactus a tu gusto.

Al ser intercambiables, varias veces me preguntaron si no hay riesgo de robo de Airbumps. Es difícil porque, para quitarlos, hay que abrir la puerta y remover el panel interno de esa puerta.

POR DENTRO

Comencemos por sus defectos. El tablero de instrumentos digital es ridículo: apenas velocímetro y medidor de combustible, sobre un display que recibe todos los rayos del sol hasta volverlo ilegible durante algunas horas del día. Y ni siquiera tiene ventanillas traseras: tan sólo hay dos ventiletes basculantes.

Sin embargo, el C4 Cactus tiene un gran espacio interior, tanto para los que viajan adelante como para quienes van detrás. Las butacas delanteras son poco convencionales. Se parecen a dos poltronas: son muy cómodas, pero sujetan poco el cuerpo. En algunos mercados se ofrece como opción una extensión central, que simula un asiento enterizo. No es para que viaje otra persona, porque no tiene un tercer cinturón: es para nostálgicos y mimosos.

La instrumentación es poco funcional, pero los detalles de terminación son encantadores. Hay hebillas que simulan detalles de marroquinería en las agarraderas internas de las puertas y en la plancha de abordo.

La pantalla multimedia sí que es práctica. Tiene siete pulgadas y permite controlar el equipo de audio, el GPS, el Bluetooth, la cámara de retroceso y las ayudas a la conducción. Pero no tiene Mirror Screen, para espejar funciones de Apple Car Play y Android Auto, como sí tienen varios Citroën fabricados en nuestra región.

Los asientos están tapizados en tela y se pueden combinar con los colores del exterior. Las carrocerías son azul, rojo, blanco, violeta y amarillo.

Una curiosidad: para poder traer esta variedad de tonalidades, Citroën tuvo que aceptar dos leves diferencias en el interior. Los C4 Cactus de color azul o rojo tienen plancha de instrumentos revestida en tela, con una sola correa sobre la guantera. Además, el respaldo de los asientos delantero no tiene revisteros para los ocupantes traseros. En cambio, los C4 Cactus blanco, violeta y amarillo tienen la plancha de instrumentos revestida en una goma blanda de terminación más cuidada, con doble correa sobre la guantera, unos apliques decorativos sobre ella y revisteros. Es un plus sin costo extra para quienes elijan alguno de esos tres colores.

Otra curiosidad: los limpiaparabrisas vienen con los “sapitos” lavaparabrisas incorporados en las escobillas. Es el sistema que Citroën llama “Magic Wash”, que facilita la limpieza del vidrio sin obstruir la visión. Además, reduce a la mitad la cantidad de líquido que se usa para el lavado.

El Cactus tiene un buen baúl de 358 litros.

SEGURIDAD

El C4 Cactus llega a la Argentina en una sola versión. Y es la más equipada en materia de seguridad.

Viene de serie con seis airbags, frenos ABS, anclajes Isofix, control de estabilidad, función de alumbrado en curva y asistencia al arranque en pendiente.

El airbag frontal del acompañante es bastante curioso: se despliega desde el techo, para permitir que el espacio de la guantera quede libre y despojado. Es un invento patentado por Citroën.

El C4 Cactus fue sometido a las pruebas de choque de EuroNCAP en 2014. Logró una calificación de cuatro estrellas, con 82% de protección para adultos, 79% para niños y 80% para peatones.

Debido a la fuerte penetración que están teniendo Citroën en América Latina, es muy probable que pronto veamos alguna prueba de LatinNCAP sobre alguno de sus modelos.

MOTOR y TRANSMISIÓN

El C4 Cactus es el primer modelo que llega a la Argentina con el motor más moderno del Grupo PSA: el PureTech. Es un impulsor naftero de tres cilindros, de 12 válvulas, con inyección directa y turbo. Tiene 110 caballos de potencia a 5.500 rpm y 205 Nm de torque a 1.500 rpm.

La única versión se combina con la caja automática de seis velocidades, que ya ofrecen varios modelos de Citroën. Es la conocida Aisin japonesa con convertidor de par y modo secuencial.

Citroën Argentina no tiene planes de ampliar la gama del C4 Cactus por el momento. ¿Si pudiéramos elegir? Una versión turbodiesel y automática sería brillante.

COMPORTAMIENTO

La prueba de manejo consistió en dos días recorriendo caminos de La Rioja y San Juan. Viajamos por rutas en bueno y mal estado. Y también hicimos bastante off-road, por dos maravillas naturales de nuestra argentina: Valle de la Luna y Talampaya.

Si por afuera recuerda al Mehari y al Ami 8, el chasis se parece en poco y nada. Olvidate de las suspensiones mullidas y de la carrocería que inclinaba en exceso. El C4 Cactus rola muy poco y se siente muy cómodo en la ruta, manejando a buen ritmo. Sólo es algo sensible a los vientos laterales, pero cuando se viaja a velocidades muy elevadas.

Alcanza una velocidad máxima de 188 km/h y acelera de 0 a 100 en 9,7 segundos. Son valores excelentes para un motor de sólo 110 caballos de potencia. El secreto de la velocidad radica en un correcto coeficiente aerodinámico de 0,32 y en una caja automática muy bien relacionada, con un modo secuencial que mejora mucho la respuesta. La buena aceleración se logra otra vez gracias a la caja, pero especialmente debido al bajo peso del vehículo: apenas 1.050 kilos.

El peso reducido permitió ofrecer un comportamiento dinámico ágil, entretenido y muy comunicativo. Las respuestas a la dirección son inmediatas, frena de manera correcta y el motor tiene un sonido muy simpático: es como un viejo Auto Unión, pero matizado por el soplido del turbo. Encantador.

A pesar de su estética crossover, el off-road no es su terreno favorito. Tiene un aceptable despeje del suelo de 18 centímetros, pero la suspensión firme -que se agradece en ruta- se padece un poco cuando aparecen los pozos y otras asperezas.

Siempre en la búsqueda del bajo peso y la sencillez, el C4 Cactus no tiene un eje delantero con el clásico esquema McPherson. Cuenta con dos triángulos conectados a la cuna pseudo-McPherson y atrás lleva un eje de torsión con brazos longitudinales. Tiene barras estabilizadoras en los dos ejes.

Lo mejor de todo: el consumo medio medido durante los dos días de la prueba fue de apenas 6 litros cada 100 kilómetros. Son valores que ni el Mehari hubiera soñado.

CONCLUSIÓN

En este mundo globalizado, todas las personas más o menos informadas saben que el C4 Cactus es un auto de precios populares en Europa. Pero también hay que tener en cuenta que es un auto con una gama muy amplia de versiones y equipamientos.

Como en Citroën Argentina sabían que el C4 Cactus iba a estar penalizado por el 35% de arancel aduanero, decidieron traer sólo la versión tope de gama. El motivo es este: un C4 Cactus base no podría haber competido con los productos del Mercosur. Pero esta versión “full-full” -como dicen los vendedores- cobra más sentido.

Con el motor 1.2 y la caja automática, este modelo ronda los 20 mil euros en Europa. Si a eso le sumamos el arancel e impuestos locales, el valor final de 448 mil pesos no es barato, pero resulta lógico y correcto.

El C4 Cactus apunta a competir, entre otros, con la Renault Captur y las versiones más accesibles de la Honda HR-V. En esos dos casos, el Citroën se impone por equipamiento, pero sobre todo por originalidad.

El diseño es una cuestión de gustos.

Y a mí me gusta mucho el C4 Cactus. Me parece un auto diferente, con mucha personalidad y que se anima a explorar soluciones que otras marcas nunca se atreverían a encarar. En ese sentido, es un Citroën de pura cepa. Un innovador controversial.

¿Por qué? Porque así como es genial en algunos aspectos -la apuesta al bajo peso, el excelente motor turbo y el buen espacio interior-, tiene defectos insólitos, como los ventiletes traseros y el tablero de instrumentos que refleja todo el sol.

El C4 Cactus no es el crossover del Segmento B que te comprarías por default. Tampoco es el mejor de su segmento. Y, sin embargo, comprar un Citroën C4 Cactus es como esas travesuras de la infancia. Sabías que te estabas mandando una macana, pero la perpetrabas. Con una sonrisa en la cara.

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