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Chevrolet S10 High Country

La pick-up que Chevrolet fabrica en Brasil sumó una nueva versión de lujo denominada High Country. Tiene cambios estéticos y un plus de equipamiento de confort para enfrentar a los tope de gama.

Con la implementación del impuesto al lujo, las camionetas salieron indemnes, ya que no son consideradas un bien suntuario y sí, un medio de trabajo. El impuesto condenó a las SUV grandes, que tienen precios disparatados y las marcas en ese contexto vieron que las pick-ups podrían llegar a actuar como acertados reemplazantes de esos modelos, aunque tampoco sean baratas.

Con esa idea, algunas optaron por crear nuevas versiones tope de gama. Toyota presentó a fines del año pasado la Hilux Limited, Volkswagen trabaja en la Amarok Ultimate de próxima aparición y Chevrolet agregó en la gama de la S10 la opción High Country, a la cual nos subimos en la variante más cara 4×4 con caja automática (también hay 4×2 y 4×4 con caja manual).
La denominación no era conocida en nuestro territorio, pero la marca del moño la viene utilizando desde hace años en Estados Unidos para las versiones más completas y lujosas, en un mercado en donde las pick-ups dominan.
La Argentina no es ajena a ese contexto: Amarok, Hilux y Ranger son producidas en el país, y en pocos años más comenzará a fabricarse la Nissan NP 300 Frontier, que compartirá plataforma con dos modelos inéditos de Renault y Mercedes-Benz.
En cambio, la Chevrolet S10 se fabrica en Brasil, adoptó una nueva plataforma en el año 2012 y hasta hoy no tuvo modificaciones significativas en el aspecto exterior. En aquel mercado, la S10 es la líder indiscutida del segmento desde hace años, pero en la Argentina no logra tal penetración de mercado.
Por eso, la High Country llegó para elevar la vara del modelo, y lo hace con una estética llamativa y, más aún, si está acompañada del color que nos tocó en la unidad de prueba, Chili Red, exclusivo para esta versión, que también está disponible en tonos blanco, plata, negro y gris.

Pequeños cambios
Los accesorios son los grandes protagonistas que esta nueva versión tope de gama presenta respecto de la LTZ convencional, ya que no hay cambios en el diseño de ninguno de los componentes exteriores que forman parte de la carrocería. Lo más llamativo es la nueva barra trasera aerodinámica, similar a la de la Ford Ranger Limited, que es poco funcional pero le da un toque de carácter imponente. Además, incorpora la lona cubrecaja de serie, sencilla de operar y práctica. El punto negativo es que el espacio de carga no tiene en el interior un protector plástico para evitar rayar la pintura. Las diferencias continúan en las llantas, que son de dieciocho pulgadas (17 en la LTZ) con acabado pulido y detalles en negro: a la moda. La parte frontal se caracteriza por una defensa de diferente diseño: las ópticas delanteras presentan el interior oscurecido, mientras que las barras del techo incorporan portaequipajes transversales. Todo esto ayuda a que el diseño presentado hace más de tres años continúe vigente.

Condiciones intactas
En el interior, el mayor punto de atracción respecto a las demás opciones es el tapizado símil cuero en color habano combinado con gris en la parte trasera de los asientos. El mismo tono, denominado “Brownstone”, con costura pespunteada se repite en los paneles de puertas elevando el lujo percibido. La calidad general es aceptable aunque se perciben algunos plásticos rudimentarios.
La plancha tiene uno de los más llamativos diseños, con el gran selector circular de la climatización, de buen funcionamiento, como actor principal. Por encima se ubica el centro multimedia MyLink, que permite una rápida y eficiente conexión bluetooth, además del navegador satelital. Pero, en exclusiva, la HC trae cámara de retroceso, visible a través de una pantalla táctil de siete pulgadas (algo pequeña), que muestra también las guías de trayectoria. El equipamiento en general es muy bueno; solo se le podría reprochar la falta de encendido automático de luces o los sensores de estacionamiento delanteros. Sin embargo, la dot

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